Una vez al año, cada miembro del grupo de invierno para realizar una misión evangelizadora en la colonia “La Matanza”, provincia del Chaco. Antes, hacemos varias reuniones preparatorias donde proponemos y programamos actividades de catequesis para compartir la fe con la querida gente chaqueña de La Matanza. Luego de un largo viaje, acompañado de mates y guitarras, llegamos a la escuelita rural 445. Todo es muy sencillo, pero en esa sencillez se da un hecho grandioso: la comunión y el compartir de la fe. Durante una semana celebramos con mucha alegría la bendición de ser discípulos y misioneros de Nuestro Señor Jesucristo. “Él es el Camino, la Verdad y la Vida.” Eso es lo que vivimos con mayor intensidad en esos días.
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Cómo es una Jornada de Misión Cada día, nos despertamos bien temprano, justo cuando el sol está saliendo. Con el desayuno, alimentamos el cuerpo, y con la oración de la mañana, las laudes, el espíritu. Luego salimos, de par en par, a compartir la Buena Nueva. A veces hay que caminar muchos kilómetros para llegar a las casas de las familias. A la hora del almuerzo volvemos todos a la escuela. Después de una breve siesta, a trabajar en la escuelita. Ahora le toca a ellos venir a visitarnos. Nos dividimos en grupos de niños, jóvenes y adultos para trabajar las actividades que preparamos en Buenos Aires. Terminamos nuestro día con la Santa Eucaristía, fuente y culmen de todo lo que hacemos y vivimos. A la noche, volvemos a recargar el cuerpo y el espíritu. Dos misioneros se encargan de la comida, y más tarde, dos más de la oración de la noche. Al calor del fogón y de la oración, nos despedimos de cada día. Cada día es único, largo, exigente, pero sin duda alguna, gratificante. Vamos a nuestro descanso con el corazón sonriente. Así pasamos cada uno de los días de esa semana tan especial. De vuelta a Buenos Aires, impresionados por la gran ciudad, nos volvemos a reencontrar con nuestra vocación a ser discípulos y misioneros. Volvemos felices y seguros que nuestro compromiso misionero sigue. Somos misioneros, siempre. En el Chaco, en nuestras familias, en la Universidad, en nuestros trabajos, y en todas las realidades en que Dios nos llame a anunciar su Amor. | Crónicas de la Misión 2008: + por Facu Todo comenzó hace casi dos meses, un llamado, una invitación y un Sí... + por Mariqui Siempre dije que misionar no era lo mío …, desde que... + por Pablo La verdad es que cada segundo vivido en esa semana fue… + carta de Vicky Creo que no hace falta que... 

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